Llamada a la Evolución.

Ella, Sophie Hunger, canta querer vivir con los monos. Escuchándola, pienso que vivir con los monos no cambiaría nada. Él, Cantona, afirma que hay que hacer la revolución: retirar, todos a la vez, nuestra plata de los bancos el 7 de diciembre.* Nosotros, creemos que hacer la revolución no mejoraría la salud del planeta ni haría justicia contra la sacro Santa Economía de Mercado. Nada que hagamos puede ya trascender la Historia.

 

Recto en mis botas bajo la higuera deshojada, cojo uno de sus últimos frutos estallados antes de hincar el diente en el rubí de su miel. Chispea. Diez grados y un cielo que se deshilacha y se arrastra. Llueve por fin. Después de 8 semanas de sequia casi total, no son las tres gotas caídas dos veces en 2 meses que mojaron la tierra. Habíamos llegado a tener que regar las habas que comenzaban a sufrir.

 

Debemos evolucionar. Es la única solución para que nuestra especie siga en la Historia. Una evolución de la especie que nos liberará de las cadenas del mental con las que estamos atados. Una evolución disolvente de estas cadenas. Las funciones intelectuales nos han servido bien hasta hoy, pero desde ahora en adelante este instrumento nos molesta. La inteligencia mental no está más que al servicio de la tecnología y de sus ciencias, todas a la bota de la economía. Debemos liberarnos de estas cadenas.

 

 

Después de haber consultado lo que creemos es nuestra Intuición, afirmamos que esta crisis económica es la crisis ecológica; que la crisis ecológica es la crisis económica. Que el hambre en el mundo es la misma cosa, con las injusticias y las desigualdades. Metámoslo todo en la misma asquerosa bolsa. Todas las crisis son sólo una crisis evolutiva con el fin de que nos volvamos por fin humanos.

 

Cada uno de nosotros, nuestra sociedad, nuestra civilización, es dolorosamente mortal. Nuestra potencia de fuego militar y nuestra potencia de contaminación civil ponen en peligro nuestro planeta. Nuestra indiferencia y nuestra codicia prenden fuego por todas partes. La epidemia de cólera en Haití o los inundados de Paquistán y de Cashmir del último verano no interesan a nadie. Como el asesinato hoy de Hermila Garcia Quiñones, jefe de policía de Meoqui, Chihuahua, Méjico. Noticias hoy olvidadas mañana. No remediamos nada. No remendamos nada. Todo se reduce a lo mismo: hay urgencia para que nazca por fin la Humanidad. Porque no somos la Humanidad. Por orgullo nos creímos humanos pero todavía no lo hemos logrado. Seguimos siendo simios sin conciencia.

 

Desgraciadamente, nacer a una nueva especie como nacer del cuerpo de una mujer no se hace en la alegría sino en el dolor. Esta mala costumbre data de la época de las cuevas. O de antes. Porque no sabemos hacerlo de otro modo. Hasta aquí no hay nada nuevo, desde que nuestra especie es consciente de si misma, evoluciona con dolor, envuelto en dolor. El dolor es el aceite en el cual está inmerso el motor de nuestra evolución: la Vida que desea acabar con la Muerte. Sin dolor no hay salvación posible afirman los papistas, sin pulsión de muerte no hay placer podrían decir los freudianos. A parte de algún yogui, todos pasan de todo. Los demás tragamos comida basura  mirando al Barça haciendo picadillo al Madrid. Me dirás, los de Madrid conocieron el dolor, ayer por la noche. No por eso evolucionaran hoy…

 

 

Desde que en nuestras cuevas nos levantamos atraídos por esa pequeña luz lejana de la Conciencia que queríamos coger, todo nacimiento se hace con dolor. Eso dicen los paleoantropólogos. Los papistas afirmarán otra cosa pero pasamos de lo que dicen desde que  tergiversaron el cristianismo y montaron su mafia en religión.

 

La Intuición repite lo mismo también, sin cansarse. Pero no la escuchamos. Ya repetía la misma letanía en los años 70 cuando cambiar de rumbo sin trauma era todavía posible. Cuando teníamos un presidente del consejo europeo a favor del decrecimiento económico para salvar la especie humana. Cuando Gébé publicaba el tebeo El Año 01 llevado al cine en 1973 por Jacques Doillon ,con un muy joven Depardieu como actor. Esta película esta hoy clasificada en la sección Anarquía de la Cinemateca nacional española.

 La Intuición repite que paremos.Que paremos de producir para crecer.

Que si no cambiamos el rumbo no vamos en ninguna parte.

Que la felicidad no está en las columnas de cifras.

 

Nadie sabe que modelo de sociedad debemos construir. Pero cada día somos más a saber que las bases de la sociedad en las que sobrevivimos están podridas. No hace falta intuirlo. Se nota. Se huele. Dicen que el cerebro es la consecuencia de nuestra nariz. Si no hubieramos tenido nariz no tendriamos cerebro.

 

Ya es hora de usar nuestras narices cerebro y cambiar de paradigma antes de ser paridos en un dolor que ninguna anestesia sabrá suavizar. No se trata de revolución. Pero de evolución. Debemos querela. Debemos llamarla.

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