Explosión en el recinto del sitio nuclear de Marcoule en el sur de Francia: capitulo 4

“Se ocultó la información a la población”

Roland Desbordes dirige el laboratorio independiente de referencia CRII RAD, que investiga el accidente de Marcoule

Público: ANDRÉS PÉREZ ENVIADO ESPECIAL 15/09/2011 08:00

 

Roland Desbordes está al frente de las mediciones independientes de la posible contaminación radiactiva en el complejo de Marcoule. CRII RAD

Roland Desbordes está al frente de las mediciones independientes de la posible contaminación radiactiva en el complejo de Marcoule. CRII RAD

Roland Desbordes, físico, profesor de Física Aplicada en varias universidades del este de Francia, dirige el laboratorio independiente CRII RAD, uno de los centros de referencia cuando se trata de efectuar mediciones que escapan al control de la industria o de los gobiernos. Y también cuando se trata de plantear los interrogantes oportunos para no perderse en la comunicación oficial. Es lo que su laboratorio está haciendo, gracias a su red de balizas de detección y sus expertos, tras el accidente en un horno radiactivo del complejo de Marcoule, a orillas del Ródano, en el sur de Francia.

¿Son afinados y completos los datos que les están suministrando oficialmente?

“Hay lagunas informativas; no se puede decir que todo va bien sin más”

Por un lado hay elementos inquietantes, y por otro hay lagunas. Han anunciado que el nivel de radiación en el horno mismo era de 67.000 bequerelios (Bq). Resulta curioso que no hayan explicado la naturaleza de los radioelementos presentes. Pero es que además es inquietante por dos razones: primero, es un nivel anormalmente bajo. Dicen que en el horno había cuatro toneladas de chatarra radiactiva. Cabe saber que esa chatarra, muy heterogénea, puede llegar a niveles de 100.000 o hasta un millón de Bq por kilo, no por tonelada. Segundo, dicen 67.000 exactamente, y no 66.000 o 68.000. El dato es excesivamente preciso con respecto a lo que sería normal. Lo normal con la chatarra, precisamente, es que mezcla niveles muy diferentes de radiactividad para fundir, y además ese constituye un problema suplementario habitual de estas instalaciones.

¿Hay alguna manera de salir de estas ambigüedades?

Bueno, la instalación de Socodei-Centraco tiene una autorización por decreto de emanaciones, gaseosas y líquidas, que se efectúan con toda normalidad sin que haya habido accidentes. Para la atmósfera, esas emanaciones salen por la chimenea, que tiene filtros y sensores. Lo que queremos es que nos den los resultados y los datos de esos filtros y sensores, antes, durante y después del accidente. Si no hay modificación en los niveles, podremos certificar científicamente que ninguna radiación suplementaria ha salido a la atmósfera por la chimenea. Luego, hay instrumentos de medida en torno a las instalaciones. También deberían dar los datos. Lo que no es correcto es afirmar simplemente a la opinión pública que todo va bien, sin más. No es satisfactorio.

“Necesitamos más datos para certificar que no ha escapado radiación”

Y, sin embargo, una ley de transparencia y seguridad nuclear de 2006 obligaba a esa comunicación precisa, en particular a la población local.

Así es, pero no la han respetado. El operador Socodei-Centraco y su casa madre EDF disponen de las informaciones. No las pusieron a disposición de la población. No se ha respetado la Convención de Aarhus, que en principio es una obligación europea.

¿Hay algún problema específico con la chatarra, debido al hecho de que en el complejo de Marcoule coexisten instalaciones en funcionamiento de tecnología punta, instalaciones muy viejas que esperan desmantelamiento y zonas que son en realidad bases secretas militares, que escapan a todo control civil?

“No se ha respetado la ley de transparencia y seguridad”

Socodei es una filial de EDF, que puede aceptar chatarra procedente de cualquier operador. Lo importante sería que respete el pliego de condiciones en cuanto a niveles de radiactividad y en cuanto a radioelementos prohibidos en sus hornos. Y el problema es que la Agencia de Seguridad Nuclear ha detectado en varias ocasiones niveles que superaban el tope. De momento es imposible saber quiénes eran los clientes. Es el problema, efectivamente, de una instalación así.

¿Entonces es deliberada esa intención de mezclar lo civil y lo militar?

Bueno… Piense que, originalmente, el plan de las autoridades era instalar en otra parte esa fábrica de incineración y acondicionamiento de residuos. Allá por 1995, el plan era colocarla en Le Pouzin [unos 90 kilómetros al norte, por el valle del Ródano]. Querían colocarla en una zona industrial normal, donde había, por ejemplo, una planta de pastelería. Los municipios reflexionaron y no quisieron el incinerador de chatarra radiactiva. Empieza a ser normal que se acumulen instalaciones de riesgo en lugares ya de riesgo. Y la práctica, efectivamente, hace que mezclen en los hornos chatarra muy radiactiva con la medianamente radiactiva y la que es muy poco radiactiva. Lo importante, de todas formas, es recalcar que en sí, el principio de incinerar estos residuos es bastante idiota. Sólo sirve para reducir el volumen, así que luego se paga menos a la Agencia nacional de Residuos (ANDRA) por el almacenamiento. Lo que logran recuperar y reciclar es realmente ínfimo.

“El principio de incinerar estos residuos es bastante idiota”

De las versiones que están saliendo sobre el accidente, ¿cuál le parece la más coherente?

Los gendarmes están efectuando una investigación que empieza a arrancar. Ya han logrado saber, hablando con los obreros que acompañaban al fallecido, que la víspera había habido un problema en ese horno. Se trata un horno por inducción magnética. Es decir, que utiliza el campo magnético de la electricidad para calentar la chatarra, pero en la superficie, a causa del contacto con el aire, puede formarse una costra que no se funde, en la que se concentran las impurezas del metal. Habían tenido que paralizar el horno. El lunes por la mañana lo volvieron a poner en marcha. El obrero intentó romper la costra. ¿Fue la presión liberada del metal en fusión lo que lo mató? En cualquier caso, al menos ya está claro que están abandonando una versión que acariciaron al principio. La que decía que la explosión tuvo lugar al lado, en una zona “no nuclear”.

Explosión en el recinto del sitio nuclear de Marcoule en el sur de Francia: capitulo 3

Un blessé est évacué après l'accident sur le site nucléaire de Marcoule, le 12 septembre 2011 (Stringer France/Reuters).
traslado de los heridos del accidente de Marcoule el 12del 09 del 2011

http://www.publico.es/ciencias/396936/paris-tapa-el-origen-radiactivo-del-accidente-de-marcoule

París tapa el origen radiactivo del accidente de Marcoule

Contrariamente a la versión oficial, la víctima estaba irradiada. Su ataúd llevaba un blindaje especial antirradiactivo y la familia no se pudo acercar al cadáver

Público: ANDRÉS PÉREZ Enviado especial a Marcoule 18/09/2011 08:00 Actualizado: 18/09/2011 12:19

 Interior de las instalaciones de Marcoule, en las que se produjo el accidente mortal.-

Interior de las instalaciones de Marcoule, en las que se produjo el accidente mortal.-AFP

Tras el accidente del lunes en un horno radiactivo del complejo nuclear civil y militar de Marcoule, un portavoz del gigante eléctrico EDF afirmó que se trataba de un incidente “industrial, no nuclear”. A su vez, el ministro francés de Industria, Eric Besson, afirmó tajante que no había “ningún riesgo radiactivo”. Según las informaciones recabadas porPúblico, sobre el terreno lo que ocurre es exactamente lo contrario: la familia no ha podido ni acercarse al cadáver irradiado del empleado que falleció en el accidente, al que no se ha hecho autopsia; el ataúd que velaron sus familiares y amigos y que fue sepultado ayer llevaba un blindaje interno antirradiactivo; y al hangar accidentado, hoy precintado, sólo entran gendarmes especializados con las combinaciones de protección.

Ayer se celebraron en el municipio de Chusclan, los funerales en memoria de José Marín, el empleado de 51 años y de origen español que falleció en el acto al estallarle de lleno, el lunes, lo que el fiscal del caso ha calificado de “volcán en erupción”: cuatro toneladas de chatarra radiactiva en fusión que estallaron en el horno de la firma Socodei, la filial de EDF que opera la planta Centraco, unidad de incineración, fusión y acondicionamiento de desechos de Marcoule.

Los habitantes de la zona no están de acuerdo con la versión del Gobierno

El Gobierno francés y EDF, amparándose en mediciones efectuadas en torno a la central, han afirmado que no hay radiactividad en la zona, e incluso han defendido públicamente la idea de que no se puede hablar, ni siquiera, de accidente nuclear.

Pero la gente de esta región no está de acuerdo con la versión oficial. Los habitantes de esta zona llevan 50 años hablando de puertas adentro y en familia de los casos de cáncer entre profesionales del complejo y de los riesgos de la radiación.

Todos hablan. Incluidos los gendarmes locales, con los que pudo conversar Público esta semana. “Afortunadamente, tenemos una comandancia de sector que nos protegió, nos dio orden de no entrar, y esperar a nuestros colegas especializados de las unidades de riesgo Nuclear-Radiológico-Bacteriológico-Químico (NRBC)”, explica uno de los primeros guardias que llegó al accidente, el lunes hacia el mediodía.

El cuerpo de José Martín fue extraído por gendarmes especializados

Fuentes de la investigación judicial por “homicidio involuntario y heridas causadas involuntariamente”, a cargo de la gendarmería especializada y dirigida por tres jueces de instrucción, indicaron a este diario que el cadáver de José Marín “permaneció en el interior del hangar más de 48 horas (hasta el miércoles por la noche), con la metralla radiactiva en el cuerpo”.

Confirmaron que el cadáver fue extraído por gendarmes de unidades NRBC de París y Marsella, y que se obtuvo autorización de la Fiscalía para no proceder a la autopsia. Y, por último, confirmaron igualmente que el ataúd que fue entregado a la familia, y que fue velado en la iglesia de Chusclan desde el viernes, iba sellado y con una “protección antirradiactiva ligera” en su interior. Así, nadie habrá visto ni efectuado mediciones en el cuerpo del difunto.

“La única manera de poder exponer el cuerpo hubiera sido efectuar en él previamente unaoperación de descontaminación, impracticable de facto porque conllevaría fundir el cadáver en sí”, explica uno de los gendarmes responsables de la investigación, intentando dar a entender el sinsentido de la situación.

Nadie ha podido efectuar mediciones de radiactividad en la víctima

Así, el primer secreto que esconden las declaraciones tranquilizadoras de EDF y del Gobierno francés se refiere al propio cuerpo del trabajador fallecido, sepultado ayer.

Implicación militar

El segundo secreto reside en el cuerpo del herido grave, un joven trabajador de la planta que también se llevó el impacto, aunque menos directo y menos masivo, de la metralla en fusión a 1.300 grados. Se encuentra entre la vida y la muerte, con quemaduras de tercer grado en el 85% de su cuerpo. Fue extraído del hangar el lunes por un grupo de bomberos que se jugó la vida, y que no pudo rescatar entonces al fallecido.

El joven, en estado crítico, fue trasladado de inmediato a la unidad especializada del Centro Hospitalario Universitario de la vecina Montpellier. Tras ser estabilizado fue trasladado a un centro militar, el de Percy Clamart en la región de París. Es, efectivamente, uno de los mejores de Francia en el tratamiento de quemados, pero su característica fundamental es otra: depende del Estado Mayor de los ejércitos.

El tercer secreto, más inquietante, es la no revelación del contenido de la chatarra que estaba siendo incinerada y que había dado lugar a varios incidentes la semana precedente al accidente. Pese a las preguntas insistentes de Público, desde ya antes de la apertura del sumario judicial, la dirección de Socodei Centraco se negó a explicar quiénes eran los clientes cuya basura radiactiva era incinerada en ese momento.

Por otra parte, las autoridades se han negado a revelar el resultado de los análisis de los filtros y sensores situados en la chimenea del horno accidentado, antes, durante y después de la catástrofe. Esos datos permitirían indirectamente conocer la naturaleza de la chatarra que estaba siendo incinerada, y por lo tanto su naturaleza civil o militar.

Según un informe de la Oficina Parlamentaria de Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas (OPECST) de 1997, el horno accidentado entonces en fase de construcción estaba predestinado a incinerar prioritariamente la inmensa cantidad de desechos que en encuentran en el propio complejo de Marcoule, resultado de las actividades, principalmente militares, que han tenido lugar allí desde 1958.

Nada menos que tres reactores productores de plutonio para las bombas (G1, G2, G3), una fábrica de acondicionamiento de ese explosivo nuclear (UP1) y reactores productores del tritio para las bombas (Celestin) han generado 4.000 toneladas de lingotes de chatarra radiactiva, 4.000 toneladas de acero irradiado, 2000 toneladas de plomo irradiado y 1.100 toneladas de hormigón irradiado, además de 553 toneladas de cenizas y actinidas menores, productos de la fisión altamente tóxicos.

El 26 de mayo de 2009, la misma Oficina Parlamentaria evocó que el horno de Socodei, que trabajaba a destajo, se había quedado pequeño y que “habría que trabajar en un proyecto de horno de fusión de mayor capacidad”, dada la llegada masiva de más de 130.000 nuevas toneladas de chatarra radiactiva, originada por más desmantelamientos que amenazan con provocar un embotellamiento en el país más nuclearizado del mundo.

En este sentido, la frecuencia de accidentes laborales en el horno radiactivo accidentado se disparó a partir de 2008, según el informe de actividad 2010 del Consejo de Administración de Socodei.

Desde diciembre de 2010, se han producido dos huelgas del personal para reclamar, entre otras cosas, más seguridad, y la marcha atrás en un proyecto de reorganización destinado a ahorrar tres millones de euros.