British Petroleum MC252: Más derrame de petroleo en el Golfo de México…

 

 

 ver video:http://www.youtube.com/watch?v=Bq-3Plzg-AA&feature=mfu_in_order&list=UL

Traducción google: Se dijo que el pozo MC 252 BP fue bloqueado 15 de julio 2010. Los miembros de EcoRigs han encontrado todavía en la superficie de petróleo crudo de los pozos en septiembre de 2010, abril de 2011 y agosto 2011 . Este video fue grabado recientemente (agosto de 2011) a 190 km y 341 grados al norte de la Deepwater Horizon y MC 252. Por primera vez en la historia, el dispersante Corexit se aplica a un desagüe situado en la boca del pozo a 1500 metros de profundidad. El objetivo es evitar que el aceite a la superficie. El Corexit se descompone la materia prima pequeñas partículas en el emulsionante en forma de gotas que tienen una densidad especial, superior a la del agua de mar con el fin de ejecutar el crudo.

Las fugas de aceite siempre en la parte inferior del Golfo, había indicado como obligatoria ya hay un año. Como la cabeza del pozo explotó, el ​​aceite aún siguen volando desde hace años. También parece que la enorme presión ejercida sobre el fondo del mar lo han roto, liberar el bruto totalmente incontrolable. BP ha optado por hundirse hasta el fondo en el petróleo crudo con un sólido flujo continuo y Corexit en el Golfo (verhttp://www.youtube.com/watch?v=zhbCu8ybVno ).

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Marie Monique Robin, Nuestro veneno cotidiano (4): la cara funesta del progreso…

algunos articulos relacionados:

Traducción por Alteatequieroverde: Celia Fernández 

Marie Monique Robin: Nuestro veneno cotidiano.

Parte segunda: Sciencia e industria: la fábrica de la duda. Capitulo: La cara funesta del progreso, Pagina 138:

Bruselas, 1936: el congreso de la evidencia sobre las causas del cáncer

“Ese fue el congreso sobre el cáncer más importante de la historia”, diría más tarde el bioquímico y oncólogo israelí Isaac Berenblum (1903-2000). “Un verdadero proyecto Manhattan sobre el cáncer”, escribió en 2007 la epidemióloga americana Devra Davis en su libro ya citado “The Secret History of the war on cancer”. El hecho era tan importante que la revista Nature decidió anunciarlo desde marzo de 1936, seis meses antes de la apertura del congreso en Bruselas el 20 de septiembre. Ese día, los doscientos mejores cancerólogos del mundo se dieron cita en la capital belga. Llegados de America del Norte, del Sur, de Japón y de toda Europa, después de largas semanas de viaje, los eminentes especialistas intercambiaron sus conocimientos sobre una enfermedad que no cesaba de aumentar.

Me impresionó constatar todo lo que se sabía ya sobre las causas sociales y medio ambientales del  cáncer antes dela Segunda Guerra Mundial, hace setenta años, comenta Devra Davis, que ha fundado el primer centro de cancerología medioambiental en la universidad de Pittsburgh. Para mi gran sorpresa, los tres volúmenes del congreso comprendían informes clínicos y experimentales muy detallados, mostrando que la mayoría de los agentes químicos ampliamente utilizados en la época como el arsénico, el benceno, el amianto, los colorantes sintéticos o las hormonas, eran considerados como cancerígenos para los humanos.

Entre los conferenciantes, figuraba el británico William Cramer (1878-1945) quien, después de haber comparado el historial médico de gemelos monocigóticos (es decir, nacidos de un mismo óvulo y presentando pues un patrimonio genético estrictamente idéntico) concluía (¡ ya entonces !) que el cáncer no es una enfermedad hereditaria. Además, después de haber estudiado los registros de defunciones del Reino-Unido, el investigador de l´Imperial Cancer Research Fund, constataba que la tasa de incidencia de la enfermedad había aumentado en un 30% desde principios de siglo. Y (¡ ya entonces !), precisaba que había obtenido esa cifra después de deducir el factor de aumento de la población y de la esperanza de vida. De hecho, considerando que el desarrollo de tumores era el resultado de exposiciones sobrevenidas veinte años antes, recomendaba limitar los agentes cancerígenos en el lugar de trabajo, todo ello multiplicando la investigación experimental, porque, “el cáncer se desarrolla a menudo en los mismos tejidos en los roedores que en los humanos” .

En Bruselas, estaba también el argentino Angel Honorio Roffo (1882-1947), quien mostró fotos de ratones que habían desarrollado tumores después de una exposición regular a los rayos X o ultravioleta (¡ ya entonces !), riesgo que se incrementaba en caso de exposición simultanea a hidrocarburos. Estaban también los británicos James Cook y Ernest Kennaway (1881-1958), del London´s Royal Cancer Hospital, quienes realizaron un meta-análisis de una treintena de estudios demostrando (¡ ya entonces !) que la exposición regular a la hormona estrógeno, inducía canceres mamarios en los roedores machos.

¿Cómo estos científicos pudieron determinar en 1936 que un agente causaba el cáncer? se pregunta Devra Davis. Ellos combinaron las autopsias con los informes médicos y el recorrido profesional de las personas afectadas con cáncer. Consideraron razonablemente que, si encontraban alquitrán u hollín en los pulmones de aquellos que habían trabajado en las minas y demostraban que esas mismas sustancias depositadas sobre la piel o en los pulmones de los animales, también causaban tumores,  era suficiente para estimar que esos residuos eran la causa del cáncer y que, se debía controlar el origen.

Sobre el papel, todo esto parece claro como el agua. Pero, leyendo las actas del congreso de 1936, una pregunta surge lógicamente: si todos estos investigadores ya habían comprendido que la causa principal de la explosión de cánceres era la exposición a los agentes químicos y si, por añadidura, sabían ya como era necesario proceder para limitar los estragos causados por los venenos, ¿porque no se les ha escuchado?

La respuesta es tan simple como la pregunta: si los trabajos y recomendaciones de todos estos investigadores han sido ignorados, es porque a partir de los años 1930 la industria comenzó a organizarse para controlar y manipular la investigación sobre la toxicidad de sus productos, dirigiendo una guerra sin cuartel contra todos los científicos que querían mantener su independencia en nombre de la defensa de la salud pública. La primera víctima de ese combate fue Wilhelm Hueper, un reputado toxicólogo americano de origen alemán considerado como el sucesor de Bernardino Ramazzini, que participó en el congreso de Bruselas algunos meses antes de ser despedido por su  patrón, el químico americano DuPont de Nemours.

(…)