Fe en la vida

 

No hay razòn para morir, ninguna absolutamente. Morimos porque carecemos de fe en la vida, porque nos negamos a entregarnos por completo a la vida… Y eso me trae al presente, a la vida tal como la conocemos actualmente. ¿No es evidente que todo nuestro sistema de vida es una dedicaciòn a la muerte? En nuestros esfuerzos desesperados para preservarnos, para preservar lo que hemos creado, causamos nuestra propia muerte. No nos entregamos a la vida, luchamos para evitar la muerte. Lo que no significa que hayamos perdido la fe en Dios, sino que hemos perdido la fe en la vida misma. Vivir peligrosamente, como dijo Nietzsche, es vivir desnudo y sin avergonzarse. Significa poner la confianza de uno en la fuerza vital y dejar de luchar con un fantasma llamado muerte, un fantasma llamado enfermedad, un fantasma llamado pecado, un fantasma llamado temor, etcètera: El mismo fantasma! Ese es el mundo que hemos creado para nosotros. Piensa en los militares, que hablan perpetuamente del enemigo. Piensa en el clero, que habla perpetuamente del pecado y la condenaciòn. Piensa en el gremio d elos leguleyos, que hablan perpetuamente de multas y encarcelamientos,. Piensa en la profesiòn mèdica, que habla perpetuamente de enfermedad y muerte. Y en nuestros educadores, los màs tontos de todos, con su charla de papagayos y su incapacidad innata para aceptar cualquier idea que no tenga cientos o mil años de antigüedad. En lo que respecta a los que gobiernan el mundo, en ellos tienes los seres màs deshonestos, màs hipòcritas, màs engañados y de menos imaginaciòn que es posible imaginar. Tù pretendes que te interesa el destino del hombre. El milagro consiste en que el hombre haya mantenido inclusive la ilusiòn de la libertad. No, el camino està cerrado, hacia cualquier parte que te vuelvas. Todas las paredes, todas las barreras, todos los obstàculos que nos encierran son obra nuestra. No tenemos por què traer por los cabellos a Dios, el Diablo o la Causalidad. El Señor de la Creaciòn dormita mientras nosotros hacemos el embrollo. Permite que nos despojemos de todo menos de la mente. Es en la mente donde se ha refugiado la fuerza vital. Todo ha sido analizado hasta anularlo. Quizàs ahora el vacìo de la misma adquirirà un significado y proporcionarà la clave. 

Henry Miller -Nexux- 1960

La edad moderna

36 años más tarde, volviendo a leer  y re-des-cubrir a Henry.


La edad moderna -un nombre inapropiado, dicho de paso- no fue màs que un perìodo de trancisiòn, una tregua, en la que el hombre podìa adaptarse a la muerte del alma. Ya estamos viviendo una especie de vida lunar grotesca. Las creencias, las esperanzas, los principios, las convicciones que sostenìan nuestra civilizaciòn han desaparecido. Y no resucitaràn. Tenlo como seguro por el momento. No, en adelante y durante largo tiempo vamos a vivir mentalmente. Eso significa destrucciòn, …autodestrucciòn. Si me preguntas por què sòlo puedo decir: porque el hombre no està hecho para vivir sòlo de la mente. El hombre ha nacido para vivir con todo su ser. Pero la naturaleza de este ser està perdida, olvidada, enterrada. El pròposito de la vida en la tierra es descubrir el verdadero ser de uno ¡y vivir de acuerdo con èl! Pero no vamos a hablar de eso. Corresponde a un futuro lejano. El problema es entre tanto. Y a eso es a lo que quiero referirme. Permìteme que lo exponga de la manera màs breve posible…Todo lo que hemos ahogado, tù, yo, todos nosotros, desde el comienzo de la civilizaciòn, ha sobrevivido. Hemos llegado a reconocer lo que somos.¿Y què somos sino el producto final de un àrbol que ya no es capaz de dar frutos? En consecuencia, hemos tenido que introducirnos bajo tierra, como la semilla, para que pueda brotar algo nuevo, algo diferente. No es tiempo lo que se necesita, sino una nueva manera de mirar las cosas. Un nuevo deseo de vida, en otras palabras. Tal como estàn las cosas no tenemos màs que una apriencia de vida. Estamos vivos sòlo en sueños. Es nuestra mente la que se niega a que la maten. La mente es dura y mucho màs misteriosa que los sueños màs extravagantes de los teòlogos. Es posible que no exista màs que la mente…no la pequeña mente que conocemos, por supuesto, sino la gran Mente en la que nadamos, la Mente que impregna el universo entero. 

Nexus- Henry Miller