En privado muchos aplauden la valentía de los encapuchados, mientras que en público son pocos los que se atreven a emitir juicios positivos de valor sobre su actuación.

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Somos los hermanos de los encapuchados que tiraron piedras el #22M

 

29 marzo, 2014 por anonymousaction  

 

Cuando pase el tiempo, de las Marchas de la Dignidad sólo recordaremos una gran manifestación. Ahora mismo muchos pensarán que lo que mejor recordaremos será el episodio de violencia perpetrado por la UIP de Madrid y la respuesta por parte de los manifestantes. Pero todo eso, desgraciadamente, se perderá como lágrimas en la lluvia. Y se perderá porque hemos despreciado una gran oportunidad para herir de muerte al sistema.

 

Lo que sucedió al caer la noche el 22M fue algo que, lejos de ser condenado, debería ser celebrado, de la misma manera que celebramos el momento en que una mujer que está sufriendo malos tratos por parte de su pareja, descuelga el teléfono y llama al 016 para denunciar un caso de violencia machista. Plantarle cara al agresor, al que abusa de una persona, es algo que en esta sociedad produce vergüenza, algo que a nosotros nos resulta verdaderamente indignante.

 

Este sábado, los vecinos de Madrid decidieron que no iban a levantar las manos ante las agresiones policiales, y dejarse golpear y humillar como ha venido ocurriendo hasta ahora. Este sábado, los vecinos de Madrid dijeron basta, y plantaron cara a sus agresores. Y fueron condenados públicamente,

 

Que los grandes medios de comunicación iban a utilizar cualquier excusa para desprestigiar la multitudinaria manifestación de las Marchas de la Dignidad, o para omitirla, no es algo que deba sorprender a nadie a estas alturas: si no había un episodio de violencia que manipular, tenían al muerto de Suárez para desviar la atención. Pero que personajes de la resistencia tan reconocidos públicamente como Ada Colau hayan caído en el juego del sistema, desvinculando a los manifestantes que plantaron cara a la policía de la manifestación de las Marchas de la Dignidad, es algo que nos entristece profundamente. Queremos pensar que no ha sido algo meditado y que, con el tiempo, reflexionarán sobre este tema, no para acabar apoyando nuestro punto de vista pero sí para, por lo menos, acabar liberándose del tabú social que envuelve la autodefensa en este país. Lo último que le interesa a los poderosos es una colectividad anónima y organizada capaz de plantarles cara: casi dos millones de personas dándose un paseo por el centro de Madrid es algo que ven cada Navidad.

 

En principio, el paseo era sólo el pistoletazo de salida. Las marchas se iban a aquedar, se iban a organizar acciones y se iba a establecer una ruta para seguir luchando desde cada territorio. Pero eso era al principio.

 

Al final, todos y cada uno de los actos llevados a cabo por los organizadores de las Marchas de la Dignidad se hicieron pidiendo permiso a ese poder que supuestamente quieren derribar: una pantomima más de la izquierda aburguesada de este país que solamente está buscando un escaño en las próximas elecciones. Postureo al más puro estilo del tuitstar más avanzado. Y mientras tanto, Miguel, un joven de 21 años, permanece preso pagando la irresponsabilidad de todos nosotros, víctima de un montaje policial y estatal. Menos mal que dijeron que se iban a quedar hasta que todos los detenidos estuviesen en libertad.

 

Por suerte, en la Red todavía tenemos guerreros de armas tomar. Probablemente, el anonimato sea la única respuesta a toda esta violencia que estamos sufriendo. Quizás sí que tenemos miedo, y no nos atrevemos a decir y a hacer lo que realmente pensamos y queremos por miedo a las represalias: en privado muchos aplauden la valentía de los encapuchados, mientras que en público son pocos los que se atreven a emitir juicios positivos de valor sobre su actuación. Quizás no es miedo, quizás es sensatez: de nada servimos encerrados en una celda. Para eso están las máscaras. No se trata de ocultar nuestros rostros porque tengamos algo que esconder, sino de ocultarlo porque tenemos mucho que hacer y qué decir antes de ser apartados de la lucha. Desde arriba nos llamarán cobardes, nos incitarán a descubrirnos para poder darnos caza y acallar nuestras voces, silenciar nuestro grito de guerra y neutralizarnos. Pero no hay que caer en su juego. Sabemos perfectamente que no hay nada que hacer contra un enemigo sin identidad, y no necesitamos cubrir nuestro ego con un minuto de gloria que nos convierta en mártires. Eso sólo nos convertiría en leyenda, en una imagen, y las imágenes son solamente representaciones de la realidad. Su efectividad real es prácticamente nula, actúan como paralizantes de cualquier evolución que se precie.

 

Somos los hermanos de los encapuchados que este pasado sábado tiraron piedras. Somos anónimos, y nuestra lucha no persigue fama, sólo cambio. Revolución.

 

 

  

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