En los años 1900, la mitad de los médicos estadounidenses practicaban la homeopatía, de manera total o complementaria: los alópatas han sacado los tambores de la medicina científica para maltratar la homeopatía, la quiropráctica, el ayuno, las hierbas y técnicas naturales, creando un organismo de propaganda: el AMA (American Medical Association). Y esta propaganda ha podido ser difundida eficazmente gracias a los fondos de la fundación Rockefeller.

Traducción de S.C.F de Alteatequieroverde de la página 9 de la revista Alternative Bien Être (Suiza) de junio 2014: entrevista de Thierry de Lestrade acerca de su documental y libro Le jeûne, une nouvelle thérapie? (¿El ayuno, nueva terapìa?). Nota: Rockefeller empezó vendiendo en los pueblos frascos de petróleo haciéndolo pasar por un medicamento milagroso contra el cancer….hoy en día el petróleo y la industria farmacéutica siguen siendo piedras angulares del imperio de los Rockefeller.

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  • En las primeras paginas de vuestro libro, contáis como la medicina alopática ha desacreditado y apartado a las medicinas alternativas, para convertirse en la única medicina reconocida por las autoridades sanitarias.

Se trata de una historia poco conocida en Francia. Quería responder a la pregunta que me había hecho un ingeniero, que había estudiado en la Escuela Central : “¿Pero vuestra historia de ayuno, si fuera eficaz, por qué los médicos no la ordenan? No son idiotas tampoco.” Pero ésta pregunta no considera la totalidad de la historia reciente de la medicina, y su revolución.

Hay que saber que en los años 1900, la mitad de los médicos estadounidenses practicaban la homeopatía, de manera total o complementaria. Los médicos homeópatas eran aquellos que mejor se ganaban la vida. Los médicos alópatas se dijeron : esta gente es mas eficaz que nosotros y nos roban la clientela, hay que eliminarla. Y fue una guerra, una guerra de erradicación total. Los alópatas han sacado los tambores de la medicina científica para maltratar la homeopatía, la quiropráctica, el ayuno, las hierbas y técnicas naturales, creando un organismo de propaganda: el AMA (American Medical Association). Y esta propaganda ha podido ser difundida eficazmente gracias a los fondos de la fundación Rockefeller.

¿Pero sobre que se basaba la medicina científica a finales del siglo XIX ? Sobre poca cosa. De ninguna manera sobre la eficacia de los medicamentos que eran de muy mala calidad y conllevaban, a mayoría de ellos, efectos secundarios nefastos, terribles. La medicina científica naciente se basa sobre los descubrimientos de Koch y Pasteur. Son, sin lugar a dudas, buscadores dignos de ser remarcados, que han identificado algunos gérmenes, o “microbios”, y han designado a estos responsables de las enfermedades infecciosas. Sin embargo, esta hipótesis quedó durante mucho tiempo muy teórica, con una eficacia terapéutica muy reducida, contrariamente a lo que se piensa generalmente. Tomemos el ejemplo de la tuberculosis. En 1812, mata en los Estados Unidos 700 personas sobre 100 000. Cifras espeluznantes. Koch descubre el bacilus de la tuberculosis en 1880. Pero la estreptomicina, el antibiótico que destruye el bacilo, no ha sido creado hasta 1947. La tasa de mortalidad (para 100 000 todavía) es en aquel entonces de 33,5. De este modo, antes de que la medicina “científica” haya traducido su revolución teórica en nuevos medicamentos, la mortalidad por tuberculosis había sido reducida en un 95%. Gracias a simples medidas higiénicas. Cuando aparecen los antibióticos, los sanatorios están básicamente vacíos.

¿Pero para luchar contra una infección bacteriana, no es indispensable tomar medicamentos antibióticos ?

La idea del germen, del microbio, es la idea del agente exterior que invade el cuerpo y es responsable de la enfermedad. Es una idea reductora. En aquella época, una experiencia muy celebre fue realizada por Max Von Pettenkofer, un profesor de la facultad de medicina de Berlín, en Alemania. Irritado por las actitudes arrogantes de Robert Koch, va a defiar las teorías de su colega en una espectacular demostración, el 7 de octubre de 1892. Ante una masa de científicos y estudiantes, coge en su mano un vaso lleno de agua contaminada por el bacilo del cólera… Y se lo bebe. Quiere demostrar que para un hombre en forma como él, el vibratorio colérico no es mortal. Demostración conseguida : Pettenkofer tan solo acaba con una simple diarrea.

Su experiencia nos lleva de nuevo a las ideas defendidas por toda una corriente de la medicina desde Hipócrates: la enfermedad es antes de todo un desequilibrio en la interacción permanente entre agentes del organismo (internos o externos) y un terreno. Pero para la industria farmacéutica, ante un microbio, se da un medicamento para solucionar el problema, no se ocupa del terreno. Toda la la medicina occidental desde el siglo XIX esta fundada sobre esta idea de guerra. Guerra contra un agente exterior con el cuerpo como campo de batalla. Para algunas cosas como la cirugía, esta claro que no hay algo mejor que la medicina occidental, pero para las enfermedades crónicas, debe de ser pensada desde el principio, reflexionada de nuevo. Se dan medicamentos, pero no se busca a actuar en el terreno, por lo tanto, no se cura gente, no se sana verdaderamente. Y ayunar actúa profundamente en el terreno.

Articulo de Julien Venesson, en Alternatif Bien-Être, traducido por S.C.F.

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