La cooperación hace más por la Evolución que la competencia: “Ayuda Mutua” de Pedro Kropotkin

 

¿Y si el hombre no era un lobo para el hombre? ¿Y si la ley del más fuerte no era la ley de la evolución? ¿Y si la ayuda era la verdadera fuerza impulsora? Estas son algunas de las preguntas respondidas en “El Apoyo Mutuo”, el libro principal del pensador anarquista ruso Pedro Kropotkin.

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Ayuda mutua, factor de evolución. Con tal título, uno podría esperar un libro aburrido como la lluvia, reservado para personas que conocen de memoria los nombres de plantas y animales en latín. Sin embargo, este libro de Pierre Kropotkin, príncipe ruso, geógrafo y teórico del anarquismo, es un libro accesible, estimulante y combativo.

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Publicado  en 1902, retuerce el cuello del pensamiento, mayoritario a su época (y aún hoy) según el cual el reino animal es una ruedo donde hay que vencer o morir, una selva donde la única regla que importa es el ley del más fuerte. Kropotkin no niega la existencia de la competencia, especialmente entre las especies, pero a diferencia de los darwinistas, niega su carácter sistemático y su papel central en la evolución.

Y multiplica los ejemplos para apoyar su posición: las hormigas que comparten alimentos a medio digerir a cualquier miembro que lo solicite; caballos que, durante la ventisca, se pegan entre sí para protegerse del frío; pelícanos que, todos los días, viajan 45 km para alimentar a uno de sus ciegos; abejas quienes gracias a la labor conjunta, “multiplican sus fuerzas individuales y alcanzan un nivel de bienestar y de seguridad que ningún animal aislado puede alcanzar.” Casi en todas partes donde Kropotkin pudo mirar, encontró cooperación. Incluso animales tan belicosos como las ratas se ayudan mutuamente para saquear nuestras despensas y alimentar a sus enfermos, escribe.

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Apoyándose en sus observaciones y lecturas científicas, Kropotkin afirma que el apoyo mutuo da a los animales una mejor protección contra los enemigos y mejor eficiencia en la búsqueda de alimento y una mayor longevidad. Para él, atribuir el progreso a la lucha de todos contra todos, es un grave error. La cooperación ha contribuido más al desarrollo de la inteligencia que  los combates, que dejaban debilitadas a las especies y les  dejaba pocas posibilidades de supervivencia y una evolución aún menos positiva.

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Una contra-historia de la humanidad

A partir de la observación (errónea) de que la competencia es dominante en el reino animal, la mayoría de los intelectuales de la época decidieron convertirla en una ley natural en los humanos, justificando así las desigualdades y la pobreza. Rechazando esta fábula, que se llama “darwinismo social”, Kropotkin nos ofrece una contra-historia de la humanidad. No la de los grandes hombres y sus luchas por el poder y el prestigio, sino la de las masas de campesinos, nómadas y proletarios que luchan juntas para enfrentarse a los diversos desafíos planteados por la existencia. En este libro, nos cuenta la historia de aquellos a la que la Historia no le importa. Y eso nos hace felices.

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Pedro Kropotkin (1842-1921).

Ya sea que hable del “comunismo primitivo” de las tribus prehistóricas, de las las comunas de las aldeas, de las ciudades medievales y sus poderosos gremios o de las asociaciones de trabajadores, el describe con sencillez las prácticas de ayuda mutua tan extendidas entre nuestros antepasados ​​como hoy desconocidas. El trabajo colectivo, la propiedad común de la tierra y el hecho de que nada podía decidirse sin el acuerdo de la asamblea fueron características compartidas por la mayoría de las sociedades que evocó. Descubrimos los tesoros de ingenio inventados durante milenios para luchar contra las desigualdades y hacer que los conflictos no degeneren en reglamentos de cuentas violentas, o incluso de guerra. Graneros comunes, ventas grupales, fondos de ayuda mutua por enfermedad o huelga, jurados populares y derecho consuetudinario… Aprendemos cómo, antes de la Seguridad social, del Código Civil y de los supermercados, los seres humanos se organizaron para hacer frente a la naturaleza hostil, sino también para “protegerse de los listos y de los fuertes”.

Y la ayuda mutua a la que se refiere Kropotkin no se limita a unos pocos individuos aislados sino a grupos de familias, pueblos, tribus reunidas en confederaciones de a veces decenas de miles de miembros. La humanidad que describe tiene confianza en su capacidad de autodeterminación. O más bien, tenía confianza. Porque si las comunidades humanas han sospechado durante mucho tiempo de los pequeños líderes, Kropotkin cree que el debilitamiento por parte de la Iglesia y de algunos intelectuales han disuelto poco a poco nuestro gusto por la insubordinación y la autogestión. “Pronto ninguna autoridad se encontró excesiva […]. Por haber tenido demasiada confianza en el gobierno, los ciudadanos han dejado de confiar en ellos. “

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Mother Earth es un periódico anarquista presentándose a sí mismos como « mensual dedicado a las ciencias sociales y a la literatura » editado por Emma Goldman. Alexandre Berkman es igualmente editor de 1907 hasta 1915.

La colonización de nuestro imaginario

Este libro está lleno de sorpresas y aprendizajes, abundantemente referenciado y agradable de leer. Un siglo después de su publicación, conserva toda su relevancia, desde un punto de vista científico pero también político (como explica el muy buen libro de Renaud García sobre el tema). En el prefacio, Pablo Servigne (coautor de un libro que amplía el trabajo iniciado por La Ayuda Mutua), señala que el trabajo de Kropotkin fue hasta recientemente ignorados por los científicos y que solo comienzan a tomarse en serio. ¡No es demasiado tarde! Porque este viejo libro nos sirve para intentar resolver una de las paradojas de nuestro tiempo: el capitalismo logra la hazaña de aparecernos a la vez detestable y dañino, pero… insuperable. Nuestros imaginarios están tan colonizados que nos es difícil imaginar un mundo sin Estado, sin policía, sin accionista, sin salario y sin banco.

El erudito ruso nos recuerda que no siempre hemos sido los seres calculadores, codiciosos y sumisos que somos hoy. Sin negar que la historia humana también está hecha de violencia y dominación, nos da a ver una humanidad generosa, inventiva y rebelde. Demuestra que el capitalismo y el Estado no son ni naturales ni eternos y que otras formas de organización, basadas en la ayuda mutua y la autogestión, son posibles. Depende de nosotros ahora hacerlos (re) vivir.

Emmanuel Danier (Reporterre) Traducción Alteatequieroverde

fuente

 

 

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